jueves, 12 de agosto de 2010

Mal día

A ella no van a encontrarla
suicidada
prefiere no amasar esa idea
como una hogaza de maldad.

Accidentada sí,
bajo el hielo metal
de un automóvil
arañada también
al tropezar
por escaleras de Pórtland

sepulta quizá
en una alcantarilla
en plena calle

rasgada
como una seda
al rozar
el clavito que asoma del ojo
de la cerradura

con los dedos tajeados
por la gillete del papel
de la última novela
que no terminó de leer

o
dolida.

Por lo menos
por ahora.