Me los puso en la mano
como si fueran armaduras de papel
contra el olvido.
"Tomá. Es lo último que hago".
Las mangas tenían un dobladillo
de esos que se hacen con paciencia.
Parecían farolitos de origami tableado.
Las nenas
como hadas
con sus guardapolvos de luna planchada.
Sus manos
como ángeles
diciéndonos adiós a todos.
Y yo me pincho los dedos
cada vez que su nombre
me abraza la tristeza.
© Obra de María Laura Bracco
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